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domingo, 20 de noviembre de 2011

Capítulo 8. Nuevas emociones


Ilustración de Sara Lew


«Fue buena idea tomar una muestra del último preparado que Bruno tenía oculto en el laboratorio», pensaba Paula.
Irónicamente, el experimento en el que tanto trabajó, y que le costó la vida, funcionó para salvarla a ella.
Caminaba sumida  en estos pensamientos cuando tropezó con alguien.
—Lo siento, qué torpe. Estoy algo distraída… discúlpeme —dice mientras se inclina a recoger los papeles que se han desparramado por el piso.
Pronto se ve ante un desconocido que la ayuda y que, además de atractivo, le resulta familiar.
Nerviosa, le entrega los papeles que le pertenecen, al tiempo que él sonríe.
—No hay problema, yo también estaba distraído.
La mira un tanto divertido. Le llama la atención su forma extravagante de vestir y lo bonita que es.
—Soy Sebastián Laborda —estira la mano para saludarla—. Mucho gusto.
—Hola… Mi nombre es Paula. Encantada —le responde con una sonrisa.
No puede evitar sentirse algo turbada: sabe que su atuendo no es el apropiado y teme verse ridícula.
Lo reconoció al instante, igual que ocurrió con el profesor Emilio, gracias a las señas que Bruno le había dado; sin embargo, nunca imaginó que este encuentro resultara tan interesante.
Sabía que en algún momento lo iba a encontrar. En varias oportunidades, Carmen le comentó sus visitas. Hace tiempo espera la ocasión, pues tiene mucho que contarle y además es la persona indicada para ayudarla.
«No, pero no es este el momento. No ahora, no estoy preparada», piensa de inmediato, y disculpándose nuevamente ingresa al edificio. Al parecer, huir es lo que mejor sabe hacer últimamente.
Sebastián la sigue con la mirada. Le provoca mucha curiosidad esa mujer que parece salida de otra época. Se encoge de hombros y sonríe. Quizá la vea la próxima vez que venga a visitar al profesor.
Por lo pronto, las emociones de Paula se están desbordando. Siente que todo está pasando muy rápido. Piensa en la amistad incondicional que encontró en Carmen desde que llegó al año 2011, cuando escapaba de aquellos hombres que la perseguían. Faltó a su confianza desde el primer momento, pero aún no puede decirle la verdad. El cariño que aquella le tomó está facilitando su estadía provisional en el mismo edificio, al tiempo que la provee de datos importantes que la buena mujer toma a espaldas de su marido Emilio.
Le duele pensar que la está mintiendo acerca de quien es.