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| Ilustración de Sara Lew |
«Fue buena idea
tomar una muestra del último preparado que Bruno tenía oculto en el
laboratorio», pensaba Paula.
Irónicamente, el
experimento en el que tanto trabajó, y que le costó la vida, funcionó para
salvarla a ella.
Caminaba
sumida en estos pensamientos cuando
tropezó con alguien.
—Lo siento, qué
torpe. Estoy algo distraída… discúlpeme —dice mientras se inclina a recoger los
papeles que se han desparramado por el piso.
Pronto se ve
ante un desconocido que la ayuda y que, además de atractivo, le resulta
familiar.
Nerviosa, le
entrega los papeles que le pertenecen, al tiempo que él sonríe.
—No hay
problema, yo también estaba distraído.
La mira un tanto
divertido. Le llama la atención su forma extravagante de vestir y lo bonita que
es.
—Soy Sebastián
Laborda —estira la mano para saludarla—. Mucho gusto.
—Hola… Mi nombre
es Paula. Encantada —le responde con una sonrisa.
No puede evitar
sentirse algo turbada: sabe que su atuendo no es el apropiado y teme verse
ridícula.
Lo reconoció al
instante, igual que ocurrió con el profesor Emilio, gracias a las señas que
Bruno le había dado; sin embargo, nunca imaginó que este encuentro resultara
tan interesante.
Sabía que en
algún momento lo iba a encontrar. En varias oportunidades, Carmen le comentó sus
visitas. Hace tiempo espera la ocasión, pues tiene mucho que contarle y además
es la persona indicada para ayudarla.
«No, pero no es
este el momento. No ahora, no estoy preparada», piensa de inmediato, y
disculpándose nuevamente ingresa al edificio. Al parecer, huir es lo que mejor
sabe hacer últimamente.
Sebastián la
sigue con la mirada. Le provoca mucha curiosidad esa mujer que parece salida de
otra época. Se encoge de hombros y sonríe. Quizá la vea la próxima vez que
venga a visitar al profesor.
Por lo pronto,
las emociones de Paula se están desbordando. Siente que todo está pasando muy
rápido. Piensa en la amistad incondicional que encontró en Carmen desde que
llegó al año 2011, cuando escapaba de aquellos hombres que la perseguían. Faltó
a su confianza desde el primer momento, pero aún no puede decirle la verdad. El
cariño que aquella le tomó está facilitando su estadía provisional en el mismo
edificio, al tiempo que la provee de datos importantes que la buena mujer toma
a espaldas de su marido Emilio.
Le duele pensar
que la está mintiendo acerca de quien es.
Texto de Patricia O. (Patokata)
