Mostrando entradas con la etiqueta Capítulo 17. Encrucijada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Capítulo 17. Encrucijada. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de enero de 2012

Capítulo 17. Encrucijada


Ilustración de Silvia Flota
Los calvos le entregaron las hojas que habían encontrado en la chaqueta de Sebastián. El viejo explotó en ira luego de examinarlas.
—Pero ¿qué broma es esta?
En la primera página se leía el titular del guion de Luis y Salvador, Un perro andaluz. Su pasado lo golpeaba de lleno.

***

La primera bala quedó detenida a escasos centímetros de Sebastián. Melquíades se acercó y cambió la botella de la poción por otra con agua. Extrajo de su abrigo un fajo de hojas y las metió en la chaqueta. Fue hasta donde la estática Paula miraba la escena y le extrajo sus llaves de casa.

***

—¡Jefe, han desaparecido!
—¿En qué momento han tomado la poción?

***

La piel del tiempo se había rasgado. Aun cuando sabía que ocurriría la bifurcación de realidades, Melquíades había tomado tal decisión obligado por las circunstancias.
—Aquí estaréis a salvo. Tomad —agregó al tiempo que les devolvía el brebaje—. En esta realidad deberéis tener mucho cuidado. Los calvos saben que habéis escapado, aunque no saben cómo, y nunca deberán saberlo.
Paula y Sebastián lo escucharon sin comprender bien la situación. Las balas detenidas en el aire, la escena estática, la alegría congelada en los rostros de los sicarios; una neblina de dudas los envolvía.
—Corred y ocultaos. Ya no podréis regresar ni a vuestras casas ni con vuestros amigos. No por mucho tiempo. Seréis los nuevos guardianes.
Paula tomó el libro que les entregó el anciano antes de marcharse para siempre.

***

—Carmen, su madre se ha ido —musitaron los labios de Melquíades, no bien había emergido de las sombras del rellano, al abrirse la puerta.
—¿Qué…?
—No me queda mucho tiempo —agregó el viejo, y le dio unas llaves—. Tenga: vaya al piso de Paula, recoja sus objetos personales y guárdelos con celo. Quizá algún día ella vuelva para recuperarlos, para estar de nuevo con usted —finalizó; las sombras lo ocultaban de nuevo.

***

En ambas realidades, el amanecer encontró a un viejo sentado en la banca de un parque. Había partido por causas naturales.